Bulos sobre la vacuna de la gripe sobre el coronavirus

22 Dic 2020

No hay evidencias de que las vacunas de la gripe aumenten el riesgo de infección por coronavirus o de padecer un cuadro clínico más grave. Tampoco de que causen alzhéimer ni autismo, tal y como indican algunos bulos difundidos desde hace años. Os contamos los dos bulos sobre la vacuna de la gripe y su relación con la COVID-19.

  • No, la vacuna de la gripe no aumenta el riesgo de infección por coronavirus ni de padecer alzhéimer
  • No, no hay evidencias de que las vacunas causen autismo
  • No, no hay pruebas de que en Gibraltar hayan muerto 53 personas tras recibir la vacuna contra la COVID-19
  • Las afirmaciones falsas del vídeo que asegura que la vacuna contra el coronavirus “enferma” al 80% de las personas que la reciben
  • No, una voluntaria del ensayo clínico de la vacuna de Pfizer no ha sufrido una erupción en la planta de los pies como efecto secundario
  • No, la mujer de esta imagen no ha sufrido un aborto después de recibir la vacuna contra la COVID-19
  • No, no hay pruebas de que las vacunas contra la COVID-19 de Pfizer y Moderna causen convulsiones

No, la vacuna de la gripe no aumenta el riesgo de infección por coronavirus ni de padecer alzhéimer

En Maldita Ciencia hemos desmentido múltiples bulos sobre la vacuna de la gripe. Por ejemplo, no es cierto que hayan muerto 97 ancianos en una residencia "madrileña" a causa de la vacuna que se les puso "a principios de septiembre". Tampoco que la vacuna de la gripe matara a 50 millones de personas durante la pandemia de gripe de 1918 ni que la primera ministra de Queensland (Australia), Annastacia Palaszczuk, evitara vacunarse.

Además, no hay evidencias de que la vacuna de la gripe esté relacionada con un mayor riesgo de padecer alzhéimer. Por lo tanto, esta imagen que afirma que "si una persona recibe cinco vacunaciones de la gripe en su vida el riesgo de padecer alzhéimer aumenta un 600%” es un bulo. Lo que sí hay es un estudio publicado en la revista de la Canadian Medical Association que apunta hacia lo contrario: que la exposición a vacunas contra la difteria, el tétanos, la poliomielitis o la gripe podría proteger contra el desarrollo posterior de la enfermedad de Alzheimer.

Durante la pandemia también han circulado en las redes sociales mensajes que indican que la vacuna contra la gripe aumenta el riesgo de infección por coronavirus o de padecer  un caso de COVID-19 más grave. Tampoco hay evidencias científicas de que sea así.

Uno de los estudios que se han utilizado para defender esta supuesta relación entre la vacunación y la COVID-19 ha sido realizado en el hospital de Barbastro (Huesca). Pero el estudio no dice que la vacuna de la gripe sea la causa de la COVID-19 y es un “texto científico de baja calidad, según contaba a Maldita Ciencia Jorge Carrillo, vocal de la Sociedad Española de Inmunología (SEI).

En Maldita Ciencia también os hemos hablado de tablas y gráficas que comparan vacunaciones y muertes por coronavirus. Lo primero que hay que aclarar ante este tipo de contenidos es que correlación no implica causalidad. Es decir, que haya relación entre dos fenómenos no significa que uno provoque el otro. Si quieres saber más al respecto, en este artículo explicamos qué quiere decir que correlación no significa causalidad.

No, no hay evidencias de que las vacunas causen autismo

Uno de los bulos sobre la vacuna de la gripe que se ha viralizado durante años indica que las vacunas infantiles causan autismo. Esta idea resulta especialmente dañina: es uno de los motivos (aunque no el único) de que en algunos países estén bajando las coberturas de vacunación contra enfermedades que ya estaban controladas y en vías de erradicación.

Pero en realidad no hay absolutamente ninguna evidencia científica de que las vacunas produzcan autismo. Como ya os hemos contado en Maldita Ciencia, es falso que un informe publicado en Estados Unidos demuestre que hay 89 casos "comprobados" de autismo por culpa de las vacunas.

Las vacunas pueden tener algunos efectos secundarios que, en la enorme mayoría de los casos son leves y poco duraderos, pero el autismo no se encuentra ni siquiera entre los más graves. Antes de que una vacuna llegue a la población ha pasado por estrictos controles de seguridad y de eficacia. En Maldita Ciencia ya os hemos explicado todas las fases que tiene que pasar una vacuna antes de ser aprobada

¿Cuál es entonces el origen de este bulo?  El excirujano Andrew Wakefield fue quien lo puso en marcha. En 1998 publicó un artículo en la revista The Lancet en el que relacionaba la vacuna triple vírica (sarampión, rubeola y paperas) con la aparición de autismo y también de problemas intestinales.

La afirmación es gravísima y cunde el pánico. Equipos de investigadores de todo el mundo corren a cumplir con uno de los requisitos imprescindibles de la ciencia: debe ser replicable, es decir, que lo que un científico observa en su laboratorio deben poder observarlo todos los demás si repiten el mismo experimento. Algo que no ocurre en este caso: esa relación no se hace visible en ningún otro experimento.

En 2004, una investigación periodística publicada en el Sunday Times descubre el fraude: Wakefield tenía graves conflictos de intereses económicos en el momento de la publicación del artículo. Los coautores del estudio retiran su firma y Wakefield se queda solo con sus afirmaciones.

Además, en 2010 un tribunal compuesto por cinco miembros del Consejo Médico General halló probadas 32 acusaciones, entre ellas cuatro de fraude y doce de abuso de niños con discapacidad. The Lancet retiró su artículo y publicó una retractación explicando que los datos habían sido falsificados. A Wakefield le fue retirada su licencia para ejercer la medicina.

Un año después, un artículo y un editorial publicados en The British Medical Journal explicaban que el ya exmédico pretendía lucrarse del pánico suscitado con su falsa investigación creando una empresa que realizase análisis médicos para procedimientos legales iniciados por todos aquellos padres convencidos de que las vacunas habían enfermado a sus hijos. 

No, no hay pruebas de que en Gibraltar hayan muerto 53 personas tras recibir la vacuna contra la COVID-19

Se ha difundido un contenido que asegura que 53 personas han muerto en Gibraltar tras recibir la vacuna contra la COVID-19 "tan sólo 10 días después de comenzar el proceso". No hay pruebas de que sea así.

La web que lo difunde no aporta ningún tipo de prueba y el ministro principal de Gibraltar, Fabián Picardo, ha asegurado a Maldita.es que no es cierto. A través de su cuenta de Twitter, ha afirmado que el contenido es "una mentira" y que "nadie debería creer ni una palabra" de lo que dice.

Además, la Autoridad de Salud de Gibraltar (GHA, por sus siglas en inglés) ha indicado en un comunicado remitido a Maldita.es que "no hay evidencias de que ninguna de las 11.073 personas vacunadas en Gibraltar haya muerto a consecuencia de ninguna reacción a la vacuna" y que "las afirmaciones que dicen lo contrario en las redes sociales son completamente falsas".

De esas 11.073 personas vacunadas en Gibraltar a fecha de 26 de enero, la GHA afirma que han fallecido seis "por razones que no están relacionadas con la vacunación". "No hay evidencias para relacionarlas (las muertes) de ninguna forma con la vacunación", añaden.

Las afirmaciones falsas del vídeo que asegura que la vacuna contra el coronavirus “enferma” al 80% de las personas que la reciben

Se ha viralizado un vídeo en el que varias personas, entre ellas la activista antivacunas y promotora de teorías de la conspiración, Judy Mikovits, hablan sobre las vacunas contra el coronavirus. Entre las afirmaciones falsas que sostienen, aseguran que las vacunas de ARN mensajero (ARNm) no cumplen con la definición de vacuna, que van a cambiar nuestro ADN y que causan efectos adversos en el 80% de las personas vacunadas.

Pero nada de esto es cierto. La vacuna de ARN mensajero sí cumple con la definición de vacuna de los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (CDC) y no altera el ADN. Además, también es falso que “enferma” al 80% de personas que la reciben.

Las vacunas pueden causar algunas reacciones adversas, casi siempre leves. Sin embargo, los datos recopilados hasta ahora tanto en los ensayos clínicos como en la aplicación de las vacunas contra la COVID-19 en los primeros grupos de población vacunados señalan que estas vacunas son seguras y contradicen la afirmación de que van a “enfermar” al 80% de la población. En Maldita.es ya os hemos contado todas las fases de investigación por las que tiene que pasar una nueva vacuna antes de ser aprobada.

No, una voluntaria del ensayo clínico de la vacuna de Pfizer no ha sufrido una erupción en la planta de los pies como efecto secundario

En una imagen que se ha compartido en redes sociales vemos los pies de una persona con erupciones. "Es una erupción medicamentosa fija como efecto adverso 'leve' de la vacuna Pfizer en una voluntaria", afirma el mensaje con el que se comparte la imagen. Pero se trata de un bulo. Esta erupción no es un efecto secundario derivado de la vacuna contra la COVID-19.

Pfizer afirma que la voluntaria sí participó en uno de los ensayos clínicos de la vacuna contra la COVID-19. No obstante, indica que su condición médica no está relacionada con su participación en el ensayo clínico. La compañía insiste en que no se han observado problemas de seguridad graves de la vacuna.

La propia voluntaria asegura que los fabricantes de la vacuna le han comunicado que ella se encontraba en el grupo placebo del ensayo. Además, subió un vídeo a su canal de YouTube que ya no está disponible y en el que explicaba que, según los dermatólogos a los que acudió, la reacción fue provocada por un fármaco antiinflamatorio denominado ketoprofeno.

No, la mujer de esta imagen no ha sufrido un aborto después de recibir la vacuna contra la COVID-19

Ha circulado en Facebook y Twitter una imagen en la que aparece una mujer supuestamente recibiendo la inyección contra la COVID-19 y sujetando fotografías de una ecografía. Se comparte afirmando que es “la doctora Sara Beltrán Ponce”, de Milwaukee (Estados Unidos) y que tiene un embarazo de 14 semanas, pero días después de recibir la vacuna “sufrió un aborto perdiendo a Eva, su futura hija”. Es un bulo.

La mujer que aparece en la imagen viral sujetando las fotografías de la ecografía no es la supuesta doctora Sara Beltrán Ponce, sino que es Amy Guy-Ulrich. La imagen la publicó la sanitaria el 7 de enero en el grupo de Facebook Hearts For Healthcare Workers con el siguiente mensaje: “Cada decisión como padre es difícil, para mí, la vacuna contra la COVID-19 fue la correcta”.

Varios usuarios alertaron hace pocos días a Guy-Ulrich sobre el uso de su foto en los comentarios de la publicación original. La sanitaria respondió que se encontraba “feliz, sana y embarazada” adjuntando una fotografía del estado de su embarazo.

No, no hay pruebas de que las vacunas contra la COVID-19 de Pfizer y Moderna causen convulsiones

También se han viralizado dos vídeos de mujeres que supuestamente han recibido la vacuna de Pfizer y Moderna contra la COVID-19, respectivamente, y sufren una “reacción neurológica adversa”. En uno aparece una mujer de Luisiana (Estados Unidos) temblando aparentemente de forma incontrolada mientras intenta caminar sosteniéndose en las paredes. En el segundo vídeo sale una mujer, también con “temblores”, que se identifica con el nombre de Shawn Skelton, dice ser de Indiana (Estados Unidos) y afirma sufrir “convulsiones” tras recibir la vacuna de Moderna.

Sin embargo, a día de hoy, no hay pruebas de que las vacunas contra la COVID-19 de Pfizer y Moderna causen convulsiones. Desde Pfizer afirman a Maldita.es que, aunque están investigando el caso, todavía no han sido capaces de confirmar la relación entre la vacuna y la reacción que sufre la mujer. La compañía indica que los trastornos neuromusculares no se han identificado, hasta la fecha, como un efecto adverso de la vacuna.

La situación es similar con la vacuna de Moderna. Ni en el comunicado de la propia farmacéutica ni en el artículo publicado en la revista médica New England Journal of Medicine se describen las convulsiones como un efecto adverso registrado en los ensayos clínicos.

Tanto Tomás Segura, jefe del Servicio de Neurología del Hospital Universitario de Albacete, como Jorge Matías-Guiu, jefe del Servicio de Neurología del Hospital Clínico San Carlos de Madrid, indicaban a Maldita.es que a su parecer, y sin contar con más datos sobre sus situaciones clínicas, lo que sufren estas mujeres no son convulsiones, sino mioclonías (movimientos involuntarios breves y rápidos producidos en el sistema nervioso) y que su origen podría ser psicosomático.

“Menos bulos, más rigor científico” es un proyecto de DKV Salud con contenido editorial de Maldita.es.

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