Las vacunas no tienen grafeno ni atraen imanes

11 Jun 2021

Os explicamos que las vacunas no tienen grafeno, ni esa es la causa de su supuesto magnetismo, que Pfizer no ha admitido en un documento que la vacuna puede transmitirse "por el ambiente" a los no vacunados y que la inyección de AstraZeneca no lleva "cuatro fragmentos" del virus VIH-1 ni tiene "nanopartículas" que pueden ser controladas por 5G.

No, las vacunas no tienen grafeno ni es la causa de su supuesto magnetismo

Un vídeo viral afirma con la supuesta voz del médico genetista Luis Marcelo Martínez que algunas de las vacunas contra el coronavirus generan “actividad magnética entre las 12 y las 24 horas y que luego difunde al resto del organismo”. También dice que el grafeno podría ser la causa del supuesto magnetismo que generan las vacunas contra el coronavirus. Pero es un bulo.

Ninguna de las vacunas contra el coronavirus aprobadas en la Unión Europea contiene grafeno, una sustancia compuesta por carbono parecido al grafito. Además, el vídeo afirma que el grafeno es un ”ferrofluido” y un “superconductor con actividad magnética" que se activa "cuando eleva su temperatura y toma contacto con la humedad”. Pero tampoco es cierto.

En declaraciones a AFP Factual, verificadores miembros de la International Fact-Checking Network (IFCN) a la que también pertenece Maldita.es, Marcelo Mariscal, el vicedecano de la Facultad de Ciencias Químicas de la Universidad Nacional de Córdoba (Argentina) indicaba que el grafeno “de ninguna manera constituye un ferrofluido”. Además afirmaba que “las propiedades magnéticas no existen de forma natural en el grafeno”: “Tampoco es un superconductor con actividad magnética”.

Como ya hemos desmentido en Maldita.es, pese a los numerosos vídeos en los que supuestamente vemos que un imán se pega a la zona del brazo donde supuestas personas vacunadas contra la COVID-19 han recibido la inyección, esto no se debe a las vacunas, ya que no tienen ningún componente magnético.

"Es completamente falso. Por supuesto que no tienen ni metales pesados ni componentes magnéticos", aseguraba a Maldita.es Jaime Jesús Pérez, vocal de la Asociación Española de Vacunología (AEV). Si revisamos las fichas técnicas de las distintas vacunas contra la COVID-19 que están en uso en la Unión Europea (UE) y, por lo tanto, en España (Pfizer, Moderna, AstraZeneca y Janssen) podemos comprobar que no hay "metales pesados" entre sus componentes.

El físico Alberto Nájera, profesor de Radiología y Medicina Física de la Universidad de Castilla-La Mancha y vocal del Comité Científico Asesor en Radiofrecuencias y Salud (CCARS), confirmaba a Maldita.es que las vacunas contra la COVID-19 no contienen "ningún elemento químico o material que tenga propiedades magnéticas".

Pero, en el hipotético caso de que así fuera, el imán no se sostendría en la piel de todos modos. Según el experto, los materiales magnéticos serían distribuidos por el cuerpo y no se quedarían concentrados en la zona del pinchazo. Como la vacuna se inyecta en profundidad, "difícilmente llegaríamos a obtener respuesta con un imán". En cualquier caso, la cantidad de materiales magnéticos de la vacuna serían insuficientes "como para que la fuerza magnética venciera a la fuerza gravitatoria".

No, Pfizer no ha admitido en un documento que la vacuna contra la COVID-19 puede transmitirse "por el ambiente" a los no vacunados

"Pfizer admite en un documento que las proteínas causadas por sus inyecciones podrían transmitirse a los no vacunados por el ambiente". Esto afirma un tuit de Fernando López-Mirones, biólogo que ya ha difundido otras desinformaciones sobre la pandemia de COVID-19. Pero es un bulo.

El documento al que hace referencia el tuit es este protocolo de la farmacéutica para los ensayos clínicos de las que, entonces, eran las vacunas candidatas contra la COVID-19 de ARN mensajero de Pfizer. Pero en este protocolo no se dice que la vacuna contra la COVID-19 pueda transmitirse "por el ambiente".

Isabel Solá, viróloga e investigadora de coronavirus en el Centro Nacional de Biotecnología (CNB-CSIC), explicaba a Maldita.es que el líquido de la vacuna de Pfizer no contiene "proteínas" como dice el bulo, sino ARN mensajero "envuelto en nanopartículas". Según apuntaba, el ARN mensajero entra en las células y es ahí cuando se traduce en la proteína S que se le presenta al sistema inmune.

Lo mismo indicaba el maldito Salvador Bergoñón Fuster, experto en investigación clínica y epidemiológica y profesor en el departamento de Farmacología de la Universidad de Barcelona: "Pfizer no vacuna 'proteínas', vacuna ARNm encapsulado debidamente".

¿Qué pasaría si un vial con el ARN mensajero se rompe y, por ejemplo, tocamos el líquido con la mano? Solá aseguraba que "es altamente improbable que alguien pueda 'vacunarse' accidentalmente por contacto externo con la vacuna". Según explicaba, la vacuna es "muy sensible a la degradación por factores ambientales" y no está preparada para inhalarse o absorberse por la piel, sino para administrarse mediante "inyección intramuscular". Solá señalaba que "ni el ARN de la vacuna ni la proteína expresada en las células puede transmitirse por el aire a los no vacunados".

En este sentido, desde Pfizer aclaraban a Maldita.es que la vacuna contra la COVID-19 "sólo puede entrar en el cuerpo humano a través de una dosis administrada" con una inyección, negando así que pueda transmitirse "por el ambiente".

No, la vacuna contra la COVID-19 de AstraZeneca no lleva "cuatro fragmentos" del virus VIH-1 ni tiene "nanopartículas" que pueden ser controladas por 5G

También se ha viralizado un audio de Ernesto Estrada, miembro del grupo negacionista “Médicos por la Verdad”, en el que dice que los "doctores" franceses Jean-Bernard Fourtillan, Christian Tal Schaller y Serge Rader han descubierto que la vacuna contra la COVID-19 de Oxford-AstraZeneca lleva "cuatro fragmentos" del virus VIH-1 y "nanopartículas para el control externo por 5G" que responden a una patente de Microsoft, empresa cofundada por Bill Gates. No es cierto.

En la ficha técnica de la vacuna contra la COVID-19 de AstraZeneca se puede comprobar que ninguno de los supuestos componentes que menciona Estrada está entre los ingredientes de este fármaco.

El origen de la desinformación que está circulando es un vídeo publicado originalmente en agosto de 2020 en el que se difunden las teorías de la conspiración que defienden el farmacéutico jubilado Jean-Bernard Fourtillan, el defensor de la "medicina alternativa" Christian Tal Schaller y el también exfarmacéutico Serge Rader. Los tres son conocidos en Francia por sus posturas antivacunas.

En el audio que se mueve ahora, Ernesto Estada afirma que Fourtillan, Schaller y Rader han descubierto que la vacuna de AstraZeneca lleva "cuatro fragmentos" del virus VIH-1 causante del sida. Pero no es cierto. No han realizado ninguna investigación al respecto y para afirmarlo se basan en un artículo preprint de enero de 2020 que trata sobre las similitudes entre el virus SARS-CoV-2 (causante de la enfermedad COVID-19) y el virus VIH-1. Es decir, se basan en un artículo que no tiene relación alguna con la vacuna de AstraZeneca.

En cualquier caso, el artículo fue retirado posteriormente. "Ese artículo es un preprint por lo que no ha sido revisado por nadie ni publicado en ninguna revista científica y, además, es un artículo que han tenido que retractar porque las conclusiones a las que llegaban y la interpretación de los resultados no eran correctas", explicaba a Maldita.es José Manuel Jiménez, investigador en el Departamento de Enfermedades Infecciosas del King’s College de Londres y maldito que nos ha prestado sus superpoderes.

La vacuna de AstraZeneca tampoco tiene "nanopartículas" que pueden ser controladas por 5G, tal y como indicaba Nájera a Maldita.es. "En el hipotético caso de que fuéramos capaces de construir un dispositivo autónomo (con batería y capacidad de interacción con nuestro cuerpo, bien con fármacos o con otro tipo de interacción fisiológica), éste debería ser invisible y nanoscópico, algo que es físicamente imposible", explicaba.

Estrada también afirma que Fourtillan, Schaller y Rader han revelado que el virus del SARS-CoV-2 es un virus artificial que fue creado "en Francia por el Instituto Pasteur en el año 2011, a partir del virus SARS-CoV-1 que fue sintetizado en Hanói en el año 2003" y que "fue vendido al partido comunista chino y transferido a la ciudad de Wuhan". Pero tampoco es cierto.

Para afirmar esto, se basan en una patente registrada por la institución en 2004, tanto en la Oficina Europea de Patentes como en Estados Unidos. Pero la patente no tiene relación con el SARS-CoV-2 que causa la enfermedad COVID-19. En realidad, la patente hace referencia a una cepa del coronavirus SARS-CoV-1 que causa el síndrome respiratorio agudo severo (SARS), enfermedad que fue identificada en 2003 en China y se extendió a otros países.

El propio Instituto Pasteur manifiesta que no es cierto que inventaran un virus (ni el SARS-COV-2, ni el SARS-CoV-1). También asegura que "es falso y calumnioso” afirmar que el organismo liberó el coronavirus en la ciudad de Wuhan en China".

“Menos bulos, más rigor científico” es un proyecto de DKV Salud con contenido editorial de Maldita.es.

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