Anestesia epidural

03 Dic 2012

Hay diversas técnicas en función de la zona que hay que operar. Sin embargo, las más empleadas son la epidural y la espinal o raquianestesia. En éstas, el anestésico se inyecta en el canal medular, por fuera del saco de líquido alrededor de la medula espinal (espacio epidural) mediante una punción en la espalda que anula la sensibilidad de la parte baja del cuerpo. Para anestesiar dicha zona, el paciente debe estar sentado, con la espalda curvada hacia delante. El efecto del anestésico empieza a los 10 o 20 minutos y se prolonga en el tiempo. Sin embargo, para facilitar la duración, puede colocarse un catéter en el lugar de la punción por el cual se irá administrando más medicación.

Durante todo el proceso, la mujer debe estar monitorizada: presión arterial, saturación de oxígeno, pulso, y debe tener una vía periférica venosa canalizada. Esto es así porque la administración de la anestesia hace descender durante unos minutos la presión arterial y, entonces, el aporte de líquidos externos para contrarrestar este efecto puede ser necesario.

Generalmente, la anestesia se administra en la fase activa del parto cuando la mujer ya tiene contracciones uterinas regulares y dolorosas, y ha alcanzado los 3 cm de dilatación cervical.

Aunque es una técnica muy segura no está exenta de riesgos. Uno de ellos es la extravasación de líquido que puede acabar produciendo dolor de cabeza (éste cederá al cabo de unos días con ayuda de analgésicos). Otro riesgos, aunque más raros e inusuales, son las complicaciones como la infección en la columna medular y la lesión nerviosa.

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