Hemorragia: cómo detener un sangrado y cuándo actuar
Cuando una persona sufre una hemorragia grave, cada minuto cuenta. Las guías internacionales de atención al trauma, como el PHTLS, sitúan el control precoz de una hemorragia que amenaza la vida como la primera prioridad, porque actuar antes de que la persona entre en shock mejora enormemente sus probabilidades de supervivencia. Y esa primera actuación depende, en muchos casos, de quien está cerca en los primeros minutos.
¿Qué es una hemorragia y qué tipos existen?
Una hemorragia es la salida de sangre fuera de los vasos sanguíneos por la rotura de estos. Puede producirse por un corte, un traumatismo, una enfermedad o una intervención quirúrgica. La gravedad depende del tipo de vaso afectado, la cantidad de sangre perdida y la rapidez con la que se actúa.
Según el vaso sanguíneo afectado, se distinguen tres tipos:
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Hemorragia arterial. La sangre es roja brillante y sale a pulsos, al ritmo del corazón. Es la más grave y puede causar la muerte en pocos minutos si no se controla.
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Hemorragia venosa. La sangre es de color oscuro y fluye de forma continua, sin pulsos. Es grave, pero más fácil de controlar con presión directa.
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Hemorragia capilar. La sangre es roja y rezuma lentamente por la superficie de la herida. Es la más frecuente y suele detenerse sola o con mínima presión.
Según la localización, una hemorragia puede ser:
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Externa: la sangre sale al exterior a través de una herida visible.
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Interna: la sangre se acumula dentro del cuerpo sin salir al exterior. No es visible, pero puede produce signos de shock. Requiere atención médica urgente.
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Exteriorizada: la sangre sale por un orificio natural (nariz, oído, boca). Puede indicar una lesión interna grave.
¿Cómo detener una hemorragia paso a paso?
Ante cualquier hemorragia externa, se recomienda seguir la conducta PAS (Proteger, Avisar, Socorrer) y aplicar los siguientes pasos, recogidos en la guía de la Cruz Roja sobre hemorragias en el hogar y las recomendaciones de la Mayo Clinic:
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Protegerse. Ponerse guantes si se dispone de ellos. Evitar el contacto directo con la sangre.
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Aplicar presión directa. Cubrir la zona con una gasa estéril o un paño limpio y presionar con firmeza durante al menos 10 minutos, sin levantar.
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No retirar el apósito. Si se empapa, añadir más material encima y seguir presionando. Retirar el primer apósito puede romper el coágulo que se está formando.
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Vendaje compresivo. Cuando el sangrado disminuya, envolver la zona con una venda firme pero que no corte la circulación.
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Llamar al 112 si el sangrado es abundante, no cesa o la persona muestra signos de shock.
Una vez controlada la hemorragia, es importante limpiar, desinfectar y cubrir la herida correctamente para evitar infecciones.
¿Qué es el shock y cómo reconocerlo?
El shock hipovolémico se produce cuando el cuerpo pierde más del 15 % de su volumen de sangre de forma repentina. Los órganos dejan de recibir el oxígeno necesario y, sin tratamiento, la situación puede ser mortal. Según la revista Medicina Intensiva (2022), la hemorragia es la principal causa de muerte evitable en las primeras horas tras un traumatismo grave.
Los signos de alarma del shock son:
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Piel pálida, fría y sudorosa.
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Pulso rápido pero débil.
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Respiración acelerada y superficial.
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Confusión, mareo o pérdida de conciencia.
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Debilidad extrema.
Si se detectan estos signos, es fundamental llamar al 112 de inmediato, tumbar a la persona boca arriba, mantenerla abrigada y vigilar su estado hasta la llegada de los servicios de emergencia. La elevación de las piernas solo debe considerarse si no existe sospecha de traumatismo en la pelvis, la columna o las extremidades inferiores. No se debe dar nada de comer ni de beber. El shock también puede producirse tras quemaduras graves, por la pérdida masiva de plasma a través de la piel dañada.
¿Cuándo llamar al 112?
Se debe llamar a los servicios de emergencia ante cualquiera de estas situaciones:
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La hemorragia no se detiene tras 10 minutos de presión directa.
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El sangrado es arterial (sale a pulsos, rojo brillante).
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La persona muestra signos de shock (palidez, confusión, pulso débil).
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Hay sospecha de hemorragia interna: dolor abdominal intenso tras un golpe, hinchazón, rigidez o aparición de hematomas sin causa aparente.
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La hemorragia se produce junto con una pérdida de conciencia o una dificultad respiratoria.
Saber actuar ante una hemorragia grave es tan decisivo como saber responder ante una parada cardiorrespiratoria. En ambos casos, los minutos previos a la llegada de la ambulancia determinan el pronóstico.
Preguntas frecuentes sobre hemorragias
¿Se puede usar un torniquete sin formación previa?
Las guías internacionales del ERC (European Resuscitation Council) recomiendan el uso de torniquete solo como último recurso, en hemorragias de extremidades que amenazan la vida y cuando la presión directa no funciona. Se recomienda formación previa. La necrosis del tejido puede comenzar a las 2 horas de su colocación, por lo que nunca debe aflojarse ni retirarse fuera de un entorno sanitario.
¿Qué hacer ante una hemorragia nasal?
Inclinar la cabeza ligeramente hacia delante (nunca hacia atrás), apretar ambas fosas nasales con los dedos y mantener la presión durante al menos 10 minutos. Si el sangrado no se detiene o se repite con frecuencia, se recomienda consultar con un profesional sanitario.
¿Cuánta sangre se puede perder antes de que sea peligroso?
Un adulto tiene aproximadamente 5 litros de sangre. La pérdida de más del 15 % del volumen (unos 750 ml) puede empezar a producir síntomas de shock. A partir del 30-40 % (1,5-2 litros), la situación es potencialmente mortal sin intervención médica inmediata.
¿Qué hacer si alguien pierde el conocimiento por un sangrado?
Llamar al 112 de inmediato. Tumbar a la persona boca arriba, elevar las piernas para favorecer el retorno de sangre al corazón y mantenerla abrigada. Si deja de respirar, iniciar maniobras de reanimación cardiopulmonar (RCP) si se tienen conocimientos para ello.
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