Diferencia entre faringitis y amigdalitis: síntomas y tratamientos
El dolor de garganta es una de las consultas más frecuentes en atención primaria en España y puede tener orígenes muy distintos. Dos de las causas más habituales —y también las más confundidas— son la faringitis y la amigdalitis, responsables de alrededor del 20 % de las visitas a los centros de salud. Aunque comparten síntomas y a menudo aparecen juntas, no son la misma afección.
Conocer la diferencia entre faringitis y amigdalitis ayuda a identificar cada cuadro, evitar el uso innecesario de antibióticos y saber cuándo resulta imprescindible acudir al médico.
¿Cuál es la diferencia entre faringitis y amigdalitis?
La principal diferencia entre faringitis y amigdalitis radica en la zona anatómica afectada. La faringitis es la inflamación de la faringe, el conducto muscular situado detrás de la boca y la cavidad nasal. La amigdalitis afecta específicamente a las amígdalas palatinas, dos masas de tejido linfoide situadas a ambos lados de la parte posterior de la garganta, que actúan como primera barrera inmunitaria frente a los patógenos.
Cuando la inflamación afecta simultáneamente a la faringe y a las amígdalas —lo habitual en la práctica clínica— se habla de faringoamigdalitis aguda. El dolor de garganta (odinofagia) no es una enfermedad, sino el síntoma que acompaña a ambas.
Ambas afecciones pueden tener origen viral (entre el 70 % y el 90 % de los casos, según la Asociación Española de Pediatría) o bacteriano, siendo el Streptococcus pyogenes el agente responsable de la mayoría de las bacterianas.
¿Cómo distinguir los síntomas de cada una?
Aunque los síntomas se solapan, hay matices que orientan el diagnóstico. La siguiente tabla resume las principales diferencias entre faringitis y amigdalitis:
La faringitis suele acompañarse de síntomas catarrales (tos, congestión, mocos, ronquera), mientras que la amigdalitis tiende a presentar un dolor más localizado e intenso al tragar. La presencia de placas blancas sobre las amígdalas y de ganglios cervicales dolorosos orienta hacia una amigdalitis de origen bacteriano, aunque virus como el adenovirus o el Epstein-Barr también pueden producirlas.
¿Cómo saber si es viral o bacteriana?
Distinguir el origen viral del bacteriano resulta clave, ya que solo las infecciones bacterianas se benefician del tratamiento antibiótico. Para orientar esta decisión, los profesionales sanitarios utilizan los criterios de Centor, una escala clínica validada. Aplicada al contexto de la faringitis y amigdalitis, se asigna un punto a cada uno de estos signos:
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Fiebre superior a 38 °C.
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Ausencia de tos.
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Ganglios cervicales anteriores inflamados y dolorosos.
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Placas o exudado sobre las amígdalas.
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En la versión modificada por McIsaac, la edad entre 3 y 14 años suma un punto adicional.
Con 0 o 1 puntos, la probabilidad de infección estreptocócica es muy baja y no se recomienda antibiótico. Entre 2 y 4 puntos, conviene realizar un test rápido de detección antigénica (TDR o StrepA), que ofrece resultados en pocos minutos. Incluso con la máxima puntuación, la probabilidad de origen bacteriano no supera el 66 %, según la última actualización del consenso español publicada en Anales de Pediatría en 2020.
¿Cuándo es necesario un antibiótico?
El uso correcto del antibiótico es uno de los grandes retos en estas infecciones. En España, se prescribe antibiótico en aproximadamente el 80 % de las faringoamigdalitis, pese a que solo entre el 20 % y el 30 % de los casos en población infantil (y el 5–15 % en adultos) tienen origen bacteriano. Esta sobreprescripción contribuye a la resistencia antimicrobiana, considerada por la Organización Mundial de la Salud una de las mayores amenazas para la salud pública global.
Solo se recomienda antibiótico cuando existe confirmación —mediante test rápido o cultivo— de infección por Streptococcus pyogenes. El tratamiento de elección en España es la penicilina V oral durante diez días, o la amoxicilina como primera alternativa. Los macrólidos quedan reservados para personas con alergia confirmada a betalactámicos. La amoxicilina-clavulánico y las cefalosporinas de amplio espectro no se consideran primera línea en esta indicación.
¿Cómo tratarlas y cuándo consultar al médico?
La mayoría de los casos de faringitis y amigdalitis son virales y se resuelven en siete a diez días con tratamiento sintomático: reposo relativo, hidratación abundante, analgésicos o antiinflamatorios (paracetamol o ibuprofeno según indicación médica) y gárgaras con agua templada y sal. El aire seco, el humo del tabaco y los ambientes contaminados tienden a empeorar los síntomas. Una faringoamigdalitis puede suponer una media de 6,5 días de baja laboral por episodio.
Conviene acudir a consulta si aparecen signos de alarma:
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Fiebre alta mantenida durante más de 48 horas.
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Dificultad para tragar saliva o babeo continuo.
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Dificultad respiratoria o rigidez del cuello.
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Placas blancas con fiebre alta y ausencia de tos (sospecha de infección bacteriana).
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Amigdalitis de repetición (más de 5–7 episodios al año), que puede requerir valoración por otorrinolaringología.
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Erupción cutánea asociada (posible escarlatina).
¿Se pueden prevenir la faringitis y la amigdalitis?
La transmisión se produce a través de las gotas de saliva al toser, estornudar o hablar. Entre las medidas preventivas más eficaces figuran el lavado frecuente de manos, evitar compartir vasos o cubiertos, ventilar los espacios cerrados, mantener una buena hidratación y reducir la exposición al humo del tabaco. Una alimentación equilibrada y un descanso adecuado refuerzan la respuesta inmunitaria frente a infecciones respiratorias.
Higiene de la garganta: pequeños gestos que marcan diferencia
Más allá de los antibióticos y los analgésicos, hay hábitos cotidianos que ayudan a que la mucosa de la garganta se recupere mejor y sea menos vulnerable a futuras infecciones:
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Mantener una buena hidratación: beber agua a pequeños sorbos a lo largo del día contribuye a que la mucosa esté menos seca e irritada.
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Cuidar el aire que se respira: ventilar la casa, evitar el humo del tabaco y, si el ambiente es muy seco, valorar un humidificador puede reducir la irritación de la faringe.
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Proteger la voz: hablar en un tono moderado y evitar forzar la voz cuando la garganta está inflamada permite que el tejido se repare con más facilidad.
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Priorizar descanso y alimentación ligera: dormir suficiente y optar por comidas suaves, fáciles de tragar (caldos, cremas templadas, frutas tiernas), facilita que el organismo destine energía a defenderse de la infección.
Estos gestos no sustituyen la valoración médica cuando hace falta, pero sí pueden complementar el tratamiento y reducir el número de episodios a lo largo del año.
Preguntas frecuentes sobre faringitis amigdalitis diferencia
¿Cuánto dura una faringitis o una amigdalitis?
La mayoría de los casos virales se resuelven entre 5 y 10 días. Las amigdalitis bacterianas tratadas con antibiótico suelen mejorar en las primeras 48 horas, aunque el tratamiento debe completarse durante 10 días para evitar recaídas y complicaciones.
¿Son contagiosas?
Sí. Tanto las víricas como las bacterianas se transmiten por gotas respiratorias (al toser, estornudar o hablar) y, con menor frecuencia, por contacto con superficies contaminadas. El periodo de contagio de la amigdalitis estreptocócica se reduce notablemente tras 24 horas de tratamiento antibiótico efectivo.
¿Cuándo se recomienda operar las amígdalas (amigdalectomía)?
La amigdalectomía se reserva para casos muy seleccionados: amigdalitis recurrentes (normalmente siete o más episodios en un año, cinco anuales durante dos años, o tres al año durante tres años), apneas del sueño obstructivas asociadas a hipertrofia amigdalar, o complicaciones como abscesos periamigdalinos de repetición.
¿Puede volverse crónica una faringitis?
Sí. La faringitis crónica suele tener causas no infecciosas: reflujo gastroesofágico, tabaquismo, exposición prolongada a aire seco o contaminado, alergias respiratorias o uso intensivo de la voz. Requiere un enfoque diagnóstico distinto al de la faringitis aguda y, a menudo, valoración por otorrinolaringología.
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