¿Qué son los mareos cervicales y por qué se producen?
Los mareos cervicales son una sensación de inestabilidad o desequilibrio originada por alteraciones en la columna cervical. A diferencia del vértigo vestibular, que se produce en el oído interno, este tipo de mareo está relacionado con tensiones musculares, bloqueos articulares o compresiones nerviosas en el cuello que alteran la información propioceptiva enviada al cerebro.
Según una revisión publicada en Frontiers in Neurology (De Hertogh et al., 2025), hasta el 43 % de las personas con dolor cervical crónico refieren mareos cervicales. La prevalencia general oscila entre el 5 y el 6 % en consultas de otorrinolaringología, pero puede alcanzar el 40 % en pacientes con dolor de cuello persistente.
La Bárány Society, referencia internacional en trastornos del equilibrio, recomienda actualmente el término «mareo cervical» en lugar de «mareo cervicogénico», dado que los mecanismos fisiopatológicos exactos en humanos siguen siendo objeto de investigación. Se trata de un mareo no rotatorio, asociado a dolor o rigidez cervical, que se desencadena o agrava con los movimientos de la cabeza.
Es importante distinguir este cuadro del vértigo vestibular:
¿Cuáles son los síntomas de los mareos cervicales?
El síntoma principal de los mareos cervicales es una sensación de inestabilidad que no implica giro del entorno. Las personas afectadas suelen describir que sienten el cuerpo «flotando» o que los movimientos no responden con normalidad. Este cuadro puede acompañarse de otros síntomas:
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Dolor y rigidez en el cuello, que puede irradiarse hacia los hombros y la zona interescapular.
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Cefalea occipital, localizada en la parte posterior de la cabeza.
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Visión borrosa o dificultad para enfocar objetos cercanos.
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Aturdimiento, confusión o dificultad para concentrarse.
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Náuseas, y en casos intensos, vómitos.
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Hormigueo o entumecimiento en el cuello o los brazos.
Cabe destacar que los mareos cervicales pueden presentarse sin dolor cervical perceptible. Cuando la disfunción articular afecta al equilibrio sin generar rigidez evidente, el diagnóstico resulta más complejo.
Si los mareos se acompañan de dolor intenso, pérdida de visión, dificultad para hablar o debilidad en las extremidades, es necesario acudir al médico de forma urgente, ya que estos signos pueden indicar un problema neurológico o vascular. También conviene descartar las posibles alteraciones en la presión arterial.
¿Qué causa los mareos de origen cervical?
Los mareos cervicales pueden tener un origen muscular, articular, vascular o emocional. Identificar la causa es fundamental para aplicar el tratamiento adecuado. Las causas más frecuentes incluyen:
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Tensión muscular excesiva. El estrés, las malas posturas o el uso prolongado de pantallas (tech neck) generan contracturas que alteran la percepción del equilibrio.
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Artrosis cervical. El desgaste de las articulaciones del cuello provoca rigidez, dolor y desequilibrio, especialmente a partir de los 50 años.
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Compresión de la arteria vertebral. Un bloqueo vertebral o una tensión muscular mantenida pueden reducir el flujo sanguíneo hacia el cerebro.
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Hernias cervicales. Al comprimir los nervios, provocan mareos, hormigueo y molestias en los brazos o los hombros.
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Latigazo cervical. Un movimiento brusco del cuello, como en un accidente de tráfico, puede generar inestabilidad prolongada.
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Disfunción temporomandibular (ATM). Apretar o rechinar los dientes produce tensión cervical que puede contribuir a los mareos. El estrés y el bruxismo son factores agravantes.
Además, factores emocionales como la ansiedad o la sobrecarga mental incrementan la tensión muscular en el cuello y pueden generar un círculo de retroalimentación: el miedo a que el mareo reaparezca lleva a adoptar posturas rígidas, lo que agrava la contractura y, con ella, los mareos cervicales.
¿Cómo se diagnostican y tratan los mareos cervicales?
El diagnóstico de los mareos cervicales es, fundamentalmente, un diagnóstico de exclusión. No existe una prueba única que lo confirme, por lo que el profesional sanitario combina la exploración física con pruebas complementarias para descartar un origen vestibular, neurológico o vascular.
Diagnóstico
Las herramientas diagnósticas más habituales son la exploración de la movilidad cervical, el test de la arteria vertebral, la prueba de torsión cervical, las radiografías o resonancia magnética y las pruebas vestibulares para descartar el vértigo posicional paroxístico benigno (VPPB) o el síndrome de Ménière. Serán indicadas según criterio médico, no siempre se realizan todas.
3 señales de que tus mareos podrían no ser cervicales
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Giro brusco de todo alrededor que aparece de repente y empeora mucho al mover la cabeza.
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Síntomas neurológicos asociados: dificultad para hablar, ver bien, mover la cara o un lado del cuerpo.
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Síntomas generales de alarma: dolor en el pecho, palpitaciones intensas, fiebre alta, desmayo o pérdida de conocimiento.
Tratamiento fisioterapéutico
Según un meta-análisis publicado en el Journal of Manual & Manipulative Therapy (De Vestel et al., 2022), existe evidencia de calidad moderada de que la terapia manual dirigida a la columna cervical superior reduce la intensidad y el impacto de los mareos cervicales. Cuando la terapia manual se combina con ejercicio terapéutico, el efecto positivo sobre los síntomas de mareo, dolor cervical y equilibrio es aún mayor.
Las técnicas fisioterapéuticas más empleadas incluyen movilizaciones articulares, masaje terapéutico, punción seca, ejercicios de reeducación postural y rehabilitación vestibular complementaria. Para una guía detallada de movimientos, puede consultarse el artículo sobre ejercicios para mareos cervicales.
Tratamiento farmacológico y opciones avanzadas
En fases agudas, el médico puede prescribir antiinflamatorios, analgésicos o relajantes musculares, siempre bajo supervisión y durante el menor tiempo posible. El reposo debe ser relativo: mantener cierto grado de movilidad cervical dentro del rango tolerable evita la rigidez y favorece la recuperación.
En casos refractarios al tratamiento conservador, pueden valorarse opciones como bloqueos ecoguiados de los nervios occipitales, radiofrecuencia o, en situaciones concretas, toxina botulínica tipo A para la musculatura cervical.
Un enfoque integral que combine fisioterapia, movimiento consciente y gestión del estrés suele ofrecer los mejores resultados a largo plazo.
¿Cómo prevenir los mareos cervicales en el día a día?
La prevención de los mareos cervicales se basa en mantener la columna cervical flexible, fuerte y bien alineada. Pequeños ajustes en la rutina diaria pueden reducir significativamente la frecuencia de los episodios:
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Mantener una postura adecuada. Ajustar la pantalla del ordenador a la altura de los ojos y evitar inclinar la cabeza hacia abajo al usar el móvil.
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Realizar pausas activas cada 45-60 minutos. Incluir estiramientos suaves de cuello y hombros durante la jornada laboral.
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Practicar ejercicio regular. El yoga, el pilates o la actividad física moderada mantienen la musculatura activa y mejoran el equilibrio.
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Controlar el estrés. Técnicas de respiración profunda, mindfulness o meditación ayudan a reducir la tensión muscular acumulada en la zona cervical.
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Usar una almohada ergonómica. Favorece la alineación natural del cuello durante el sueño y evita la rigidez matinal.
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Mantenerse bien hidratado. Una buena hidratación favorece la elasticidad muscular y la circulación sanguínea.
Si los mareos cervicales persisten o interfieren en la vida diaria, es recomendable consultar con un fisioterapeuta o neurólogo especializado. Los seguros de salud de DKV incluyen acceso a profesionales que pueden orientar hacia el tratamiento más adecuado en cada caso.
Rutina exprés de 60 segundos para aliviar mareos cervicales
Cuando los mareos cervicales aparecen en medio de la jornada, esta rutina de un minuto puede ayudar a reducir la sensación de inestabilidad y a cortar el círculo de tensión y ansiedad.
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Pausa y respiración: detén la actividad, coloca ambas manos sobre el abdomen y realiza 5 respiraciones profundas, inflando el vientre al inspirar y alargando la exhalación para relajar la musculatura cervical.
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Reajusta tu postura: si estás sentado, apoya bien los pies en el suelo, lleva la pelvis ligeramente hacia atrás, alarga la columna como si «crecieras» hacia el techo y coloca la pantalla a la altura de los ojos.
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Movimientos suaves del cuello: realiza 3–5 inclinaciones suaves de la cabeza hacia un lado y hacia el otro y 3–5 giros leves, sin llegar al dolor, manteniendo siempre la mirada en un punto fijo para no desencadenar vértigo.
Preguntas frecuentes sobre mareos cervicales
¿Pueden los mareos cervicales aparecer sin dolor de cuello?
Sí. El mareo cervical sin dolor es posible cuando la disfunción articular afecta al equilibrio sin generar rigidez o tensión muscular perceptible. En estos casos, el mareo puede manifestarse como inestabilidad al caminar o sensación de aturdimiento, lo que dificulta el diagnóstico. Es importante realizar una valoración cervical completa aunque no exista dolor evidente.
¿Cuánto tarda en mejorar un mareo cervical con fisioterapia?
El tiempo de recuperación depende de la causa y la cronicidad del problema. En casos de origen postural o muscular con tratamiento adecuado, las primeras mejoras pueden notarse en pocos días o semanas. En cuadros crónicos o con varios factores implicados, la recuperación puede prolongarse durante meses. La constancia en los ejercicios y las pautas posturales es determinante.
¿El uso prolongado del móvil puede provocar mareos cervicales?
Sí. Mantener la cabeza inclinada hacia abajo de forma prolongada, lo que se conoce como tech neck, sobrecarga la musculatura cervical y puede alterar la propiocepción del cuello. Esta alteración favorece la aparición de mareos. Sostener el dispositivo a la altura de los ojos y realizar pausas frecuentes reduce el riesgo.
¿Existe relación entre la articulación de la mandíbula (ATM) y los mareos cervicales?
Sí. La disfunción de la articulación temporomandibular puede generar tensión y dolor en la musculatura cervical, lo que contribuye a la aparición de mareos. Factores como el estrés, el bruxismo y el apretamiento mandibular agravan esta relación. En estos casos, la intervención de un fisioterapeuta u osteópata puede ser beneficiosa.
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