Uñas con hongos y pie de atleta: causas y tratamiento
Las uñas con hongos (onicomicosis) y el pie de atleta (tiña pedis) son las infecciones fúngicas más frecuentes en los pies. Según la Academia Española de Dermatología y Venereología (AEDV), la onicomicosis es la enfermedad ungueal más prevalente en adultos y los dermatofitos causan el 90 % de los casos en las uñas de los pies (Elsevier/Piel, 2025).
¿Qué son los hongos en los pies y las uñas?
Los hongos en los pies engloban dos tipos principales de infección fúngica. La tiña pedis o pie de atleta afecta a la piel, especialmente los pliegues entre los dedos, la planta y los bordes del pie. La onicomicosis o uñas con hongos afecta a la lámina ungueal, provocando decoloración, engrosamiento y fragilidad.
La prevalencia de la onicomicosis varía según la población estudiada y aumenta con la edad. En personas mayores, puede situarse aproximadamente en torno al 20-30%. Los microorganismos responsables son los dermatofitos —siendo Trichophyton rubrum el más habitual—, las levaduras del género Candida y los mohos no dermatofíticos.
Causas y factores de riesgo de las uñas con hongos
El contagio se produce por contacto directo con piel infectada o por exposición a superficies húmedas donde el hongo persiste durante meses: piscinas, duchas públicas, vestuarios y saunas. La transmisión de una zona del cuerpo a otra también es frecuente; por ejemplo, un pie de atleta no tratado puede extenderse a las uñas y dar lugar a hongos en las uñas.
Los principales factores de riesgo incluyen el uso de calzado cerrado y poco transpirable, la sudoración excesiva, los traumatismos repetidos en las uñas, la edad avanzada, la diabetes no controlada y las alteraciones del sistema inmunitario. En deportistas la prevalencia es hasta tres veces superior a la de la población general, según estudios realizados en nadadores (AMF-SEMFyC).
Síntomas: cómo reconocer las uñas con hongos y el pie de atleta
La infección por hongos en las uñas suele comenzar como una pequeña mancha blanca o amarillenta bajo el borde de la uña. A medida que progresa, se observan los siguientes signos:
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Engrosamiento de la uña.
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Coloración amarillenta, parduzca o blanquecina.
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Fragilidad y bordes quebradizos.
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Forma distorsionada de la lámina ungueal.
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En fases avanzadas, desprendimiento de la uña del lecho ungueal.
El pie de atleta se manifiesta con descamación, enrojecimiento y picor entre los dedos. La humedad continuada favorece la aparición de grietas, maceración de la piel y ampollas. Sin tratamiento, los hongos en los pies pueden propagarse a otras zonas como las uñas o las ingles (tiña inguinal) y facilitar sobreinfecciones bacterianas.
Es recomendable consultar a un profesional sanitario si la lesión progresa, afecta a varias uñas, aparece dolor, se produce desprendimiento de la uña o existen enfermedades como diabetes o inmunodepresión.
Tratamiento de las uñas con hongos y el pie de atleta
El abordaje terapéutico de la onicomicosis depende de la gravedad de la infección, el número de uñas afectadas y el estado general del paciente. Según la Fundación Piel Sana de la AEDV, las opciones principales son:
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Tratamiento tópico: lacas antifúngicas con amorolfina o ciclopirox, indicadas en afectación distal leve con menos del 50 % de la uña comprometida. Se aplican tras limpiar y secar la superficie ungueal y requieren constancia durante varios meses.
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Tratamiento oral: terbinafina o itraconazol, indicados en casos extensos, múltiples o con afectación de la matriz ungueal. La pauta y la duración dependen del fármaco elegido, de la localización y de la extensión de la infección, por lo que deben ser indicadas y supervisadas por un médico.
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Terapia combinada: la asociación de tratamiento tópico y oral ha demostrado aumentar las tasas de curación en infecciones moderadas a graves.
Para el pie de atleta, el tratamiento habitual comienza con cremas o polvos antifúngicos de aplicación tópica (clotrimazol, bifonazol). Si no hay respuesta adecuada, puede ser necesario un antifúngico oral.
La curación de las uñas con hongos es lenta porque la uña necesita crecer por completo: aproximadamente 6 meses en las manos y 9-12 meses en los pies (Podoactiva, 2026). Las tasas de recaída oscilan entre el 10 % y el 50 %, lo que subraya la importancia de mantener las medidas de prevención incluso tras finalizar el tratamiento.
Cómo prevenir los hongos en los pies y las uñas
La prevención es fundamental para evitar la aparición o recurrencia de los hongos en los pies. Las medidas más eficaces incluyen:
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Secar bien los pies después de la ducha o la piscina, insistiendo entre los dedos.
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Usar calzado transpirable y calcetines de algodón, cambiándolos a diario.
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Evitar caminar descalzo en vestuarios, duchas públicas y piscinas; usar siempre chanclas o calzado de protección.
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No compartir toallas, cortaúñas ni calzado.
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Cortar las uñas rectas y mantenerlas a una longitud adecuada para evitar traumatismos.
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Aplicar polvos antifúngicos en caso de sudoración excesiva.
Un cuidado diario de los pies adecuado y la detección precoz de cualquier cambio en la piel o las uñas permiten abordar el problema antes de que se agrave. Ante cualquier patología podológica persistente, es aconsejable consultar con un médico de atención primaria, un dermatólogo o un podólogo, según la disponibilidad y el tipo de lesión.
Preguntas frecuentes sobre uñas con hongos
¿Es posible contagiar los hongos de las uñas de los pies a las manos?
Sí, puede producirse autocontagio entre distintas zonas del cuerpo y también transmisión indirecta a través de utensilios o superficies contaminadas. El uso de guantes al aplicar tratamientos tópicos y la desinfección de utensilios de manicura ayudan a limitar la transmisión.
¿Cuánto tiempo tarda en curarse una uña con hongos?
La duración del tratamiento depende de la gravedad y la localización. En las uñas de las manos, la curación completa suele requerir unos 6 meses; en las de los pies, entre 9 y 12 meses. La constancia en la aplicación del tratamiento es determinante para evitar recaídas.
¿Los remedios caseros son eficaces contra la onicomicosis?
Sustancias como el vinagre de manzana o el aceite de árbol de té tienen propiedades antifúngicas leves, pero la evidencia científica sobre su eficacia en onicomicosis es limitada. No sustituyen al tratamiento médico y, en caso de infección establecida, es recomendable consultar con un especialista para recibir un tratamiento adecuado.