Terrores nocturnos en niños: qué son y cómo actuar
Según la Asociación Española del Sueño (ASENARCO), hasta el 40 % de los niños habrá tenido al menos un episodio de terror nocturno a lo largo de su infancia. Se trata de una parasomnia frecuente, especialmente entre los 3 y los 7 años, que se caracteriza por episodios de agitación intensa durante el sueño profundo: el niño grita, llora de forma inconsolable y parece aterrorizado, pero en realidad permanece dormido y no es consciente de lo que ocurre. Los terrores nocturnos son benignos, no dejan secuelas y desaparecen espontáneamente con la maduración del sistema nervioso. La evidencia médica es clara: quien más sufre el episodio es el adulto que lo presencia, no el niño.
-
¿En qué se diferencian los terrores nocturnos de las pesadillas?
-
¿Cómo prevenir los terrores nocturnos? La técnica del despertar programado
¿Qué son los terrores nocturnos?
Los terrores nocturnos son episodios de terror aparente que ocurren durante la fase de sueño profundo (fase NREM o no REM, estadio N3), generalmente entre una y tres horas después de que el niño se duerme. Durante el episodio, el cerebro se activa de forma brusca en la transición del sueño profundo hacia fases más superficiales, pero sin completar el despertar. El resultado es que el niño parece estar despierto, pero en realidad sigue dormido y no es consciente de lo que sucede a su alrededor ni tampoco recuerda el sueño ni lo sucedido
Se clasifican como parasomnias del despertar incompleto, junto con el sonambulismo y los despertares confusionales. Afectan a entre el 1 % y el 6 % de los niños en edad escolar (AEP), y son más frecuentes entre los 3 y los 7 años, más comunes en niños que en niñas, y suelen desaparecer de forma espontánea antes de la adolescencia.
¿En qué se diferencian los terrores nocturnos de las pesadillas?
Es la pregunta más frecuente, y la respuesta es clave para actuar correctamente. Los terrores nocturnos y las pesadillas son fenómenos completamente distintos: ocurren en fases del sueño diferentes, se comportan de manera opuesta y requieren respuestas distintas por parte de los adultos.
La duración habitual de los terrores nocturnos es de 1 a 20 minutos, aunque pueden llegar excepcionalmente a los 45 minutos. Se resuelven solos.
¿Por qué ocurren los terrores nocturnos?
El mecanismo es una activación brusca del sistema nervioso central en la transición entre el sueño profundo y las fases más superficiales. El cerebro infantil y sistema nervioso, todavía en desarrollo y madurando sus ciclos de sueño, no siempre gestiona bien esta transición. Además, el sueño profundo es más largo y profundo existiendo la probabilidad de más despertares parciales. Existe además un componente hereditario claro: aproximadamente el 80 % de los niños con terrores nocturnos tienen un familiar que los padeció en su infancia o que fue sonámbulo.
Los principales factores desencadenantes son:
-
Privación de sueño o cansancio extremo acumulado.
-
Fiebre o enfermedad intercurrente.
-
Estrés emocional: inicio escolar, cambios familiares, conflictos.
-
Estimulación excesiva antes de dormir, incluyendo pantallas (móvil, tableta, televisión).
-
Horarios irregulares o cambios en la rutina de sueño.
-
Apnea obstructiva del sueño o reflujo gastroesofágico, que fragmentan el sueño profundo.
-
Factores ambientales como ruidos fuertes, luces intensas o movimientos bruscos pueden provocar despertares parciales.
¿Qué hacer durante un episodio de terror nocturno?
Lo primero es recordar que el niño no sufre durante el episodio: no es consciente de lo que ocurre y no formará ningún recuerdo del episodio. Quien necesita tranquilizarse es el adulto. Ante terrores nocturnos, la pauta recomendada por la Asociación Española de Pediatría y por la Academia Americana de Pediatría es la siguiente:
-
No intentar despertar al niño. Despertarlo desorienta más, alarga el episodio y dificulta volver a dormirse.
-
Garantizar su seguridad física: apartar objetos, evitar caídas, guiarlo suavemente hacia la cama si se ha levantado.
-
Hablarle con calma y voz suave, sin estímulos fuertes ni gritos.
-
Encender una luz tenue si hay confusión por las sombras.
-
Esperar con paciencia. El episodio termina solo y el niño vuelve a dormirse.
-
No comentar el episodio al día siguiente: no lo recordará y contárselo puede generar ansiedad anticipatoria ante el sueño y aumentar la probabilidad de episodios futuros
¿Cómo prevenir los terrores nocturnos? La técnica del despertar programado
La principal medida preventiva es garantizar un sueño suficiente y de calidad. Conocer cuántas horas de sueño necesita un niño según su edad es el primer paso. Las pautas generales incluyen mantener horarios regulares de sueño, establecer una rutina relajante antes de acostarse (baño, cuento, sin pantallas), mantener una buena higiene de sueño, reducir el estrés identificable y tratar condiciones subyacentes como la apnea o el reflujo si las hubiera.
Cuando los terrores nocturnos ocurren a una hora predecible cada noche, existe una intervención conductual eficaz y respaldada por la evidencia: la técnica del despertar programado. El protocolo consiste en:
-
Observar durante varias noches a qué hora suele ocurrir el episodio.
-
Despertar suavemente al niño 15-30 minutos antes de esa hora.
-
Mantenerlo despierto y fuera de la cama durante 5 minutos.
-
Repetir durante 7 noches consecutivas.
-
Si los episodios reaparecen al interrumpir, repetir el ciclo.
Esta técnica interrumpe el ciclo de sueño que desencadena el episodio y, en la mayoría de los casos, lo elimina sin necesidad de tratamiento farmacológico, que es excepcional y solo se considera en adolescentes o adultos con cuadros graves.
¿Cuándo consultar al pediatra?
En la mayoría de los casos, los terrores nocturnos no requieren evaluación médica. Se recomienda consultar al pediatra si se cumple alguna de estas condiciones:
-
El episodio dura más de 30 minutos o se repite más de una vez por semana.
-
El niño presenta babeo, rigidez muscular o sacudidas (para descartar epilepsia nocturna).
-
Ronca habitualmente o tiene pausas respiratorias (posible apnea obstructiva del sueño).
-
Los episodios persisten más allá de la adolescencia o comienzan en la edad adulta.
-
El niño muestra tristeza, ansiedad o miedo marcados durante el día, que podrían estar relacionados.
En ese último caso, puede ser útil también consultar la información de los miedos más comunes en la infancia, ya que los miedos diurnos y los trastornos del sueño pueden presentarse de forma conjunta.
Preguntas frecuentes sobre terrores nocturnos
¿Los terrores nocturnos afectan al desarrollo del niño?
No. En niños, los terrores nocturnos no se asocian a mayor incidencia de trastornos psicológicos ni afectan al desarrollo cognitivo o emocional. Son consecuencia de la inmadurez del sistema nervioso central, que madura de forma natural con la edad. Sí pueden afectar al descanso de la familia, lo que justifica aplicar medidas preventivas.
¿Puede un bebé o niño de 2 años tener terrores nocturnos?
Sí. Aunque son más frecuentes entre los 3 y los 7 años, se han documentado episodios en niños desde los 18 meses. En bebés muy pequeños, conviene consultar al pediatra para descartar otras causas de llanto nocturno intenso.
¿Los terrores nocturnos son hereditarios?
Existe una predisposición genética clara. Alrededor del 80 % de los niños que padecen terrores nocturnos tienen un familiar con el mismo trastorno o con sonambulismo. Sin embargo, la herencia no es determinante: los factores ambientales y de higiene del sueño juegan un papel igual de relevante.
¿Puede un adulto tener terrores nocturnos?
Sí, aunque es poco frecuente (prevalencia inferior al 1 % en adultos). Cuando aparecen en la edad adulta, pueden estar relacionados con estrés postraumático, trastornos de ansiedad o consumo de determinados fármacos o alcohol. En estos casos es recomendable la evaluación por parte de un especialista en medicina del sueño.
Productos y servicios relacionados